Historia antigua

Momificación: pasaporte hacia la eternidad

Momificación: pasaporte hacia la eternidad

Head of an Egyptian mummy still wrapped in its bandages • ISTOCKPHOTO

Para los antiguos egipcios la muerte física no era un estado definitivo, sino una puerta que podía conducir a dos destinos opuestos: la “segunda muerte”, una aniquilación total e irreversible, o una fase transitoria que conducía a la supervivencia eterna. La segunda opción, mucho más atractiva, requería una condición indispensable: el cuerpo debía mantenerse íntegro y preservado. Esa idea fundamental explica por qué la momificación se convirtió en una práctica central del Antiguo Egipto.

El reto de la descomposición

El cadáver está sujeto a dos tendencias contradictorias: por un lado tiende a pudrirse, lo que provoca su desintegración; por otro, puede desecarse, proceso que, bajo las condiciones adecuadas, conduce a una conservación compatible con la vida después de la muerte. La momificación actúa sobre ambas, combatiendo la putrefacción y favoreciendo la desecación.

Destrucción cerebral y evisceración

Los órganos que los egipcios consideraban más propensos a la putrefacción eran el cerebro y las vísceras. Por ello, la excerebración y la evisceración formaban parte esencial del ritual.

La excerebración consistía en extraer el cerebro a través de la nariz con un gancho, aplastarlo y luego eliminar la masa resultante con una solución. En su lugar se introducía una mezcla de resina, brea vegetal y carbón. En algunos casos el cerebro se dejaba en su sitio y sólo se deshidrataba la duramadre.

La evisceración se realizaba para evitar que las bacterias intestinales provocaran la corrupción del cuerpo. Existían dos métodos: inyección de un líquido descomponedor por el ano o incisión en el flanco izquierdo para extraer los intestinos, evitando el hígado. La herida se cerraba con una placa metálica (a menudo de oro) o con cera roja decorada con el ojo de Horus.

Los cuatro dioses canópicos

Tras la extracción, las vísceras se sumergían en vino cocido aromatizado o en natron. Luego se colocaban en cuatro vasijas llamadas jarros canópicos, cada una bajo la protección de uno de los cuatro hijos de Horus: Duamutef (cabeza de perro), Qebehsenuef (cabeza de halcón), Imsety (cabeza humana) y Hapy (cabeza de mono). Desde la XXI dinastía (1069‑945 a.C.) algunas momias recibían de nuevo sus vísceras una vez completada la fase de desecación.

Rellenos y amuletos

El interior de la cavidad corporal se limpiaba y se rellenaba con una mezcla de materiales orgánicos (musgo, serrín, lino, barro, cenizas) impregnados de resina, mirra y aromáticos como la nicotina, hallada en la momia de Ramsés II. En algunos casos se incluía el falo o una rana momificada, símbolo de salto vital.

El corazón, a diferencia de las demás vísceras, permanecía en su sitio, pues se creía que era el asiento del alma y la clave para la vida después de la muerte. Sobre él se colocaba a menudo un escarabajo protector o una fórmula mágica.

Desecación con natron

Para detener la putrefacción se utilizaba el natron, una mezcla de carbonato, bicarbonato y sulfato de sodio. El cuerpo se sumergía en agua, se limpiaba minuciosamente y luego se cubría con natron tanto por fuera (con tampones) como por dentro (con bolsas rellenas). En épocas posteriores se añadieron aceites de cedro y otros compuestos que, en lugar de desecar, disolvían los tejidos, explicando el mal estado de algunas momias tardías.

Envoltura y protección

Una vez desecado, el cuerpo se envolvía en varias capas de vendajes impregnados con aceites, vinos aromáticos, brea, mirra, resinas de diterpenos y triterpenos, cera de abejas, labdanum y taninos. En épocas posteriores se usaba betún del Sinaí o del Mar Muerto, lo que confería a las momias su característico tono negro. Entre las capas se insertaban amuletos y símbolos protectores.

Los siete orificios

Tras la momificación, se llevaba a cabo el ritual de la apertura de la boca, que consistía en “activar” los siete orificios faciales mediante una herramienta en forma de hacha y el llamado ourthekaou. Luego la momia se colocaba en un sarcófago de madera, dentro de una caja de piedra y, finalmente, en su tumba. El proceso completo duraba idealmente 70 días, número que representa siete decenas y simboliza la perfección cíclica.

Línea de tiempo

3000‑2635 a.C. Periodo Thinite. Los primeros faraones se enterraban en mastabas de barro.
2635‑2140 a.C. Reino Antiguo. Se construyen pirámides y se desarrollan técnicas de preservación.
2022‑1784 a.C. Reino Medio. La momificación se diversifica según el estatus social.
1539‑1069 a.C. Reino Nuevo. Los faraones se entierran en el Valle de los Reyes con ritos muy elaborados.
650‑30 a.C. Periodo Tardío y Ptolemaico. La momificación se extiende a animales sagrados.
392 d.C. Con la adopción del cristianismo, la práctica tradicional de la momificación desaparece.

Anécdotas y legado

El historiador griego Heródoto, que visitó Egipto en el siglo V a.C., describió cómo, al final de los banquetes, se mostraba una réplica de momia de una o dos codos de altura para recordar a los comensales su mortalidad.

En el siglo XIX, la fiebre egiptomaníaca llevó a que se “desenvuelvan” momias en público, a menudo destruyéndolas. En 1881, Gastón Maspero deshizo los vendajes de la momia de Tutankamón para exhibirla, provocando un daño irreversible que obligó a restaurar el envoltorio.

Bibliografía
• I. Franco, Ritos y creencias de la eternidad, Pygmalion, 1993.
• J. Assmann, Death and Beyond in Ancient Egypt, Editions du Rocher, 2003.