
La llegada, a comienzos de la Alta Edad Media, de bretones insulares (de la actual Gran Bretaña) a la península armorica, que pasó a llamarse Bretaña, constituye uno de los momentos clave de su historia. Aunque el movimiento transmarítimo es indiscutible, sus causas y su desarrollo siguen sin una explicación convincente debido a la escasez y ambigüedad de las fuentes.
El giro de los siglos V‑VI
Hasta hace poco se pensó que la península había experimentado dos oleadas migratorias. La primera, de carácter militar, se situaría entre finales del III y principios del IV siglo y se habría basado en tropas romanas destinadas a proteger la Galia occidental de incursiones sajona y franca. Esta hipótesis se sustentó en excavaciones urbanas y rurales que mostraban una disminución de rasgos típicos de la romanitas y la supuesta presencia de soldados‑colonos bretones. Sin embargo, una revisión de los datos sugiere que la teoría es más bien una fábula histórica.
Las fuentes escritas que describen la llegada de bretones insulares son escasas y, a menudo, posteriores a los hechos.
La segunda migración, fechada entre los siglos V y VII (posiblemente también el VIII), cuenta con varios testimonios contemporáneos: los Vidas de santos bretones, datos lingüísticos y toponímicos. Gildas, en su obra De Excidio et Conquestu Britanniae (c. 540), lamenta la huida de bretones ante los sajones; Sidoine Apollinaire y Jordanes mencionan un ejército de 12 000 bretones bajo el rey Riothamus alrededor de 460; y Procopio de Cesarea (c. 545‑550) indica migraciones anuales a las “tierras de los francos” por presión demográfica.
Las Vidas de los santos bretones, mayormente redactadas entre los siglos IX y XI, reutilizan documentos anteriores y reflejan fases específicas de la historia bretona, como la conquista carolingia del siglo IX o la renovación eclesiástica del siglo XI. Aunque sus relatos milagrosos no pueden tomarse como hechos históricos estrictos, aportan valiosa información sobre la presencia bretona en Armorica.
En ambos lados del Canal de la Mancha
Los datos lingüísticos y toponímicos, aunque difíciles de fechar con precisión, ofrecen respuestas más firmes. El bretón es una lengua britónica proveniente de la Bretaña insular; la toponimia muestra construcciones paralelas en loc‑ y lan‑ (por ejemplo, Llangollen en Gales y Langolen en Finisterre). Estos paralelismos, aun si no son contemporáneos a los movimientos del V‑VII siglo, demuestran contactos continuos entre ambas regiones. Alrededor del año 1000, el bretón se hablaba en los actuales departamentos de Côtes‑d’Armor, Finisterre y Morbihan, en el oeste de Ille‑et‑Vilaine y en la zona de Guérande.
Contrario a la hipótesis tradicional, los pobladores del oeste de la actual Gran Bretaña no huyeron obligados por los sajones.
Los migrantes probablemente provenían de la Bretaña insular occidental (Cornualles y Devon), en menor medida de Gales y quizá de Dorset. La teoría de una huida forzada por los sajones debe descartarse: los sajones fueron derrotados en la batalla de Badon (c. 490) y no reanudaron su expansión oeste hasta finales del siglo VI. La arqueología de esas regiones muestra continuidad y prosperidad en los siglos V‑VI, como el “round” de Trethurgy (Cornualles) o el sitio real de Tintagel.
Si la migración no estuvo impuesta, ¿cuáles fueron sus motivaciones? No se trató de una emigración masiva de decenas de miles, sino de flujos continuos de pequeños grupos, estimados en unos 20 000 individuos, semejantes a los alemanes (anglos, sajones, etc.) que se establecieron en la isla de Bretaña en la misma época.
Migrantes arqueológicamente invisibles
Las comunidades autóctonas de la península armorica vivían transformaciones significativas desde finales del III siglo. Muchos monumentos urbanos fueron abandonados, pero los centros fortificados de Rennes, Vannes y Nantes siguieron habitados en el siglo V y más allá. No existen evidencias de despoblación que justifiquen una gran llegada de migrantes.
La escasez de monedas y cerámicas locales dificulta la investigación, y los bretones que llegaron permanecen prácticamente invisibles en el registro arqueológico. Aunque se les atribuye la creación de “parroquias primitivas” con el prefijo Plou‑, este rasgo es casi inexistente en las regiones de origen, donde predominan los prefijos Loc‑ y Lan‑. La aparición en Armorica de objetos ornamentales del “Quoit Brooch Style” de la segunda mitad del siglo V, cuyo epicentro está en el sureste de la Bretaña insular, plantea preguntas que aún no tienen respuesta.
Una nueva élite de poder
En la primera mitad del siglo V el entorno político armorico cambió drásticamente. Las secesiones de 409 y 435 reflejan tanto una actitud rebelde frente a Roma como el debilitamiento del poder central y la aparición de pequeños señores galo‑romanos. Un siglo después, Gregorio de Tours menciona a “condes bretones”, lo que indica que, en tres generaciones, el poder pasó a manos de inmigrantes, posiblemente acompañados por clérigos evangelizadores y miembros de la élite insular.
Este proceso explica la desaparición de dialectos locales y su sustitución por el bretón, favorecida por la proximidad entre el galés, el bretón y el gaulés. Un fenómeno similar ocurrió en la Bretaña insular, donde lenguas germánicas de los migrantes sustituyeron dialectos celtas o latín‑celtas, aunque los migrantes representaban una minoría muy pequeña (≈ 2 %). La “conversión lingüística” se debió a la aculturación: los nativos, percibiéndose como culturalmente inferiores, adoptaron la lengua de los recién llegados.
Muchos interrogantes persisten sobre la asentación bretona en Armorica. Solo un enfoque interdisciplinario que combine medievalistas, especialistas en Antigüedad tardía, sociolingüistas y genetistas podrá disipar los mitos y aclarar este capítulo de la historia bretona.
Para profundizar
Bretania de Arturo. Bretones y sajones en la Edad Oscura, P. Galliou, Lemme Edit, 2011.
Guía de la Armorica romana, P. Galliou, Coop Breizh, 2015.
Cronología
c. 500 000 a.C. – Primer asentamiento paleolítico en la cueva de Menez Dregan (Plouhinec, Finisterre).
c. 4700‑4500 a.C. – Aparición de los primeros monumentos megalíticos (dolmenes, menhires).
c. 325 a.C. – El navegante masaliota Piteas recorre la costa occidental de Armorica.
56 a.C. – Derrota de la coalición armorica por César.
c. 15‑10 a.C. – Inicio de la romanización y creación de capitales galo‑romanas.
409‑410 d.C. – Rebelión armorica y separación temporal de Roma; comienzo de las migraciones bretonas en el siglo V.