Las brujas de la noche: aviadoras soviéticas en la Segunda Guerra Mundial
En 1941, en el momento más crítico de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Tercer Reich parecía a punto de aplastar a la Gran Madre Rusia, un grupo de jóvenes soviéticas decidió enfrentarse al enemigo sin la presencia de hombres a su lado. Estas valientes pilotos jugaron un papel decisivo en la lucha contra Hitler y contribuyeron al eventual derrotar del nazismo.
Lo sorprendente es que lo hicieron pilotando biplanos Po‑2, aviones frágiles diseñados a finales de la década de 1920 y originalmente destinados a la fumigación agrícola. Tres regimientos se destacaron:
- 586.º – caza‑bombardero, al mando de la teniente coronel Tamara Kazarinova, heroína galardonada con la Orden de Lenin.
- 587.º – bombarderos en picado, comandado por la propia Marina Raskova.
- 588.º – bombardeos nocturnos, bajo la dirección de Evdokiya Bershanskaya.
Cuando se veían obligadas a aterrizar o a lanzarse en territorio enemigo, se quitaban los uniformes de vuelo y podían pasar desapercibidas como campesinas, de modo que los alemanes encontraban el avión pero no a la piloto.
Con apenas dos o tres meses de entrenamiento, estas mujeres volaban aviones de madera y lona construidos en 1927, pero que resultaban sorprendentemente resistentes y con una gran capacidad de planeo, cualidades perfectas para las misiones casi suicidas que llevaban a cabo.
Mientras sus compañeros masculinos bombardeaban de día, las aviadoras soviéticas operaban de noche, sin radar ni radio, guiándose únicamente por una brújula y un reloj.

Para evitar ser detectadas, volaban a altísimas proximidades del suelo, apagaban el motor, planeaban sobre el objetivo, soltaban sus bombas y, al terminar, reencendían el motor a toda velocidad. Preferían no usar paracaídas para poder cargar más explosivos; si eran derribadas a tan baja altura, el paracaídas resultaría inútil. Generalmente lanzaban pequeñas bombas incendiarias a mano, a la zona donde se encontraba el paracaídas.
Su eficacia provocó tanto temor en las tropas alemanas que los nazis los apodaron "Nachthexen", es decir, "Brujas de la noche". Llegaron a conceder la Cruz de Hierro a los pilotos que lograban derribar a alguna de estas casi invisibles guerreras, cuyo único anuncio era el leve silbido del viento rozando sus alas.
Los regimientos de bombardeo nocturno realizaron 24 000 vuelos y lanzaron 3 000 toneladas de explosivos contra el invasor.
Una de cada tres mujeres que sirvió en los regimientos nocturnos perdió la vida en combate. Veintitrés de ellas recibieron la Orden de Heroínas de la Unión Soviética, muchas de forma póstuma, incluida Marina Raskova, que cayó en acción el 4 de enero de 1943.