Historia antigua

El hombre de Neandertal

La documentación más extensa del Paleolítico Medio corresponde al hombre de Neandertal, un homínido que habitó el centro y sur de Europa y, con el tiempo, se expandió hacia Oriente Medio y Asia central.

Rasgos físicos del hombre de Neandertal

El Homo sapiens neanderthalensis presentaba una robusta estructura ósea que requería una gran masa muscular. Tenía un mentón poco desarrollado, una nariz ancha, una frente inclinada y un cráneo alargado, rasgos que lo diferencian claramente del Homo sapiens moderno.

Un homínido inteligente

Con una capacidad craneal promedio superior a los 1.500 cm³, el hombre de Neandertal no era tan primitivo como se creía. Evidencias sugieren que podía usar un lenguaje articulado y complejo, poseía capacidad de abstracción y producía expresiones artísticas.

Dieta y subsistencia

Ante la escasez de plantas, los neandertales dependían de la caza de mamíferos medianos y grandes —caballos, rinocerontes lanudos, mamuts—, compitiendo con otros depredadores de la Edad de Hielo. Su dependencia de especies migratorias los mantuvo nómadas, pero aprendieron a conservar la carne mediante el ahumado o la salazón para sobrevivir en períodos de escasez.

Refugios y protección ambiental

A diferencia del Homo erectus, los neandertales habitaban cuevas y abrigos rocosos poco profundos para resguardarse del frío. En estos sitios se encuentran restos de hogueras rodeadas parcialmente por piedras, así como acumulaciones de huesos y herramientas. En zonas sin refugios naturales, como la estepa rusa, se hallaron chozas construidas con huesos de mamut.

Evolución tecnológica

Su industria lítica, conocida como Mousteriano (nombrada por los yacimientos de Le Moustier en la Dordoña, Francia), empleaba la técnica Levallois, desarrollada ya a finales del Achelense. Esta técnica permitía obtener numerosos fragmentos afilados a partir de un solo bloque de piedra, que luego se transformaban en hachas de mano, denticulados o raspadores.

Ritos funerarios

Los neandertales formaban sociedades complejas con fuertes lazos entre sus miembros; se ha demostrado que cuidaban a individuos heridos. Además, fueron los primeros humanos en enterrar a sus muertos, utilizando fosas protegidas con losas dentro de las mismas cuevas que habitaban. Ejemplos de estas tumbas se encuentran en Francia y en el Cercano Oriente, como la necrópolis de Shanidar (Irak), donde se halló una fosa rodeada de piedras con nueve esqueletos, algunos aparentemente depositados sobre un lecho de flores. Algunas evidencias, como cráneos perforados en la Grotta Guattari (Italia), generan debate sobre posibles rituales de canibalismo.

El niño de Lapedo

En 1908 se descubrió en Lapedo, Portugal, un esqueleto con rasgos faciales modernos y estructura ósea neandertal, prueba de hibridación entre ambas subespecies.