Historia antigua

Los arameos: origen, migración y principados

En el siglo XIII a.C. (alrededor del 1279), el rey de Babilonia se quejó de las incursiones de los akhlamu, grupos nómadas que, según el nombre de uno de sus clanes, pasarían a ser conocidos como arameos o aramitas. Es probable que esas bandas estuvieran formadas por varios pueblos con un origen étnico común y dialectos semíticos afines.

Los akhlamu actuaban tanto como mercenarios al servicio de potencias como los hititas, como grupos independientes que, en ocasiones, se dedicaban a actividades pacíficas: trabajaban como jornaleros agrícolas o se asentaban en pequeñas comunidades.

Su amplio conocimiento del desierto los convertía en guías excepcionales para largas travesías. En la época de Tiglat-Pileser I (1115‑1077 a.C.), Asiria había alcanzado uno de sus mayores esplendores, pero la amenaza constante de los nómadas ya pesaba sobre toda Mesopotamia desde siglos antes, atraídos por la fertilidad y la riqueza de la región.

Impulsados por la invasión de los llamados "Pueblos del Mar" y la necesidad de sobrevivir, los nómadas del desierto se consolidaron en una entidad política definida: los arameos. Tiglat-Pileser I se vio obligado a lanzar catorce campañas militares para empujarlos al este, más allá del Éufrates, hasta Carquemis, de donde se dispersaron hacia el sur, llegando a la zona de Palmira.

Tras el reinado de Tiglat-Pileser I, el poder asirio entró en una fase de estancamiento y posterior declive, pues sus sucesores no lograron mantener las alianzas estratégicas del gran monarca. En ese contexto, los arameos llegaron a dominar la llanura sur de Mesopotamia y, por un tiempo, fueron dueños de Babilonia, con uno de sus jefes proclamado rey. Aproximadamente un siglo después, los arameos se enfrentaron a los reyes israelitas Saúl y David por la hegemonía del Líbano y la región norte‑transjordánica.

La migración aramea

La ocupación de Palestina por los israelitas forma parte del mismo proceso migratorio semítico. Hebreo, arameo, cananeo, amorreo y árabe son lenguas semíticas occidentales que surgieron simultáneamente en las fronteras de Siria y Palestina, e incluso en la parte alta del Éufrates y el Tigris. Aparecen tanto en inscripciones reales asirias del Reino Medio como en el Antiguo Testamento, donde la tradición bíblica describe a los arameos y a los hebreos como pueblos emparentados; por ejemplo, Jacob (Israel) es llamado “nómada arameo”.

Las primeras menciones de un grupo étnico llamado arameos aparecen en textos acadios, asirios y egipcios del siglo XIV a.C., aunque pueden referirse a topónimos homónimos. La primera referencia clara a los arameos como colectivo se halla en las inscripciones de Tiglat-Pileser I bajo la forma Ahlamú‑Aramaia, que podría traducirse como “los Ahlamú, es decir, los arameos”. Esto sugiere que ya en ese momento formaban parte de un amplio conjunto tribal asentado en el Creciente Fértil.

Consecuencias

La migración aramea fue el acontecimiento más trascendente de la historia del Próximo Oriente desde el siglo XIII a.C. Sus efectos incluyeron:

  • Una profunda recesión en Asiria, que se volvió más introspectiva; aunque la continuidad dinástica se mantuvo, la economía sufrió un fuerte retroceso al perderse las rutas comerciales del Éufrates y los contactos con Anatolia.
  • El colapso de industrias en Nínive y Arbela, lo que provocó agitación social y el surgimiento de nuevas potencias en Babilonia, que pasaron a dominar Siria.
  • El desplazamiento del hebreo por el arameo en Palestina; este último se convirtió en lengua oficial del Imperio Persa y del Neo‑Babilónico, y permaneció vigente hasta la época de Jesucristo.
  • En Mesopotamia, los siglos XI‑X al a.C. estuvieron marcados por inestabilidad y declive económico, desembocando en una crisis social.

Estas circunstancias dieron origen, alrededor del 900 a.C., a un mosaico de pequeños estados conocidos como principados arameos.

Los principados arameos

Los principados arameos se extendieron por Siria y el norte de Mesopotamia, al sur de los principados neo‑hititas, y se organizaron en cinco áreas principales:

  1. En la cuenca del Balikh y la parte alta del Khabur se estableció el principado de Bit‑Bakhiani, con capital en Guzana (hoy Tell Halaf).
  2. En la parte baja del Tigris, al sur de la desembocadura del Diyala, surgieron los principados de Litau, Puqudu, Gambulu y Khindanu.
  3. En el norte de Siria, los arameos ocuparon Alepo y Arpad, fundando los reinos de Bit‑Agusi y Bit‑Adini, resistiendo a los vecinos neo‑hititas de Carquemis, Hamat, Alepo y Kattna.
  4. Durante los siglos XI‑X a.C., se creó el reino de Sam’al (capital Zincirli) al noroeste de Carquemis, en el valle de Karazu.
  5. Al final del siglo XI a.C., todo el valle de Orontes y el sur de Siria estuvo bajo dominio arameo. Aquí se establecieron los principados de Aram‑Soba, Aram‑Bet‑Rehob, Aram‑Ma'Ka, Geshur (cerca del Monte Hermón) y, sobre todo, Damasco, que ejercía hegemonía política sobre la confederación.

Con el tiempo, el elemento semítico predominó en toda la zona, y el arameo se consolidó como lengua franca de los tres grandes imperios que surgirían: el Neoasirio, el Neo‑babilónico y el Persa.