Antecedentes y primeros levantamientos
Tras la separación de Perú en 1776, el Alto Perú quedó bajo el Virreinato del Río de la Plata. La autoridad española contaba con el apoyo de los criollos, pero temía una revuelta de los pueblos quechua y aymara. En 1809, estudiantes universitarios de Chuquisaca (actual Sucre) iniciaron un levantamiento que obtuvo algunos éxitos iniciales. En La Paz, Pedro Domingo Murillo y el fraile Antonio Medina tomaron el poder y proclamaron una radical declaración de independencia, pero fueron capturados y ejecutados por las tropas del virrey Abascal.
La Constitución de Cádiz de 1812 intentó imponer un gobierno liderado por los hermanos Angulo, pero obtuvo escaso respaldo. El caudillo Mateo García Pumacahua, que había servido en el ejército realista de Abascal, se rebeló, conquistó varias ciudades del Alto Perú y fue ejecutado por el general Pezuela, al igual que los hermanos Angulo. Posteriormente, Abascal concedió amnistía a los demás independentistas.
Intervenciones de Santa Cruz y Olañeta
En 1823, el mestizo de La Paz, el general Andrés de Santa Cruz, invadió el Alto Perú, pero al no contar con apoyo suficiente se retiró hacia el norte. En su lugar, el absolutista español Antonio Pedro de Olañeta asumió el mando del territorio, enfrentándose a las tropas de Simón Bolívar y a los realistas de los generales Valdés y Canterac. Olañeta pretendía instaurar una monarquía absoluta; tras la restauración del absolutismo por Fernando VII en 1824, mutinó contra el virrey La Serna y creó un régimen personal.
El general Valdés, enviado para sofocar la rebelión, firmó el Tratado de Tarapaya (9 de marzo de 1824), en el que Olañeta se comprometía a obedecer al virrey del Perú y a enviar tropas contra Bolívar. Sin embargo, rompió el acuerdo y se autoproclamó comandante en jefe de las provincias del Río de la Plata, desencadenando una guerra civil entre los liberadores leales a La Serna y los fundamentalistas de Olañeta. Los insurgentes americanos resultaron los únicos vencedores. En la batalla de Junín (6 de agosto de 1824), Olañeta privó a Canterac del apoyo de Valdés, lo que facilitó la evacuación del Alto Perú por parte de los realistas.
Batalla de Ayacucho y proclamación de la independencia
El 11 de febrero de 1824, Olañeta ingresó en Chuquisaca y proclamó la monarquía absoluta. Simultáneamente, los ejércitos realistas de La Serna y Canterac fueron derrotados en la decisiva Batalla de Ayacucho. El vencedor, el mariscal Antonio José de Sucre, liberó el Alto Perú, negoció con Olañeta y eliminó los últimos bastiones españoles, como Potosí. La aristocracia criolla se alineó con Sucre y Bolívar, abandonó a Olañeta, quien cayó mortíferamente herido en la batalla de Tumusla.
El 9 de febrero de 1825, Sucre decretó en La Paz la independencia del Alto Perú. Bolívar, inicialmente reacio por temores a reclamos de Perú y Argentina, cambió de posición y convocó una Asamblea en Chuquisaca (10 de julio de 1825), elegida por sufragio censitario. La oligarquía criolla ratificó la independencia el 6 de agosto de 1825 y adoptó el nombre de "Bolívar", que luego se modificó a Bolivia en honor al Libertador.
Primeros pasos del nuevo Estado
El gobierno quedó en manos del mariscal Sucre. Bolívar promulgó una Constitución que establecía una presidencia perpetua, abolía los privilegios sociales y emancipaba a los esclavos. Sin embargo, la élite criolla se opuso a esas reformas y pronto volvieron a aparecer la discriminación y las desigualdades.