Una mirada sin filtros al reinado del "Rey Sol"
Los libros de texto suelen presentar a Luis XIV como el monarca que llevó a Francia a la cima de Europa. Sin embargo, bajo la brillante fachada del absolutismo se esconden episodios de violencia extrema, guerras costosas y una política religiosa de intolerancia que dejaron una profunda huella en la población.
El monarca implacable
Ruthless bombing of cities, regardless of the fate of civilians. Sending troops to slaughter his own subjects. Inhuman punishments for those who dare to otherwise believe in God. This monarch stopped at nothing. This is why he got a nickname that every child knows.
Así lo describió el escritor Albert Sánchez Piñol en su novela Victus, y aunque su tono es literario, la historia confirma que Luis XIV no escatimó en crueldad.
Guerras destructivas
Durante sus 55 años de reinado (1661‑1715) Luis XIV estuvo en guerra 36 de esos años. Sus campañas buscaban ampliar el territorio y la influencia francesa, pero fueron la causa de una constante movilización de recursos humanos y financieros.
El ejército pasó de 200.000 soldados a cerca de 420.000 en la última década del siglo XVII. Las conscripciones de 1688 y 1701 obligaron a campesinos a servir, y muchos nunca volvieron.
Crímenes de guerra
En 1683 Luis XIV amenazó a los Países Bajos con enviar tropas si no se alineaban con sus intereses. En 1684 ordenó el bombardeo de Génova, que dejó el 66 % de la ciudad en ruinas tras 13.000 proyectiles de mortero.
Durante la Guerra de los Nueve Años (1688‑1697), bajo la dirección del ministro de guerra François Michel Le Tellier de Louvois, sus tropas practicaron la política del “tierra arrasada” en el Palatinado alemán, destruyendo aproximadamente veinte ciudades, monasterios, hospitales y viñedos.
Estas acciones provocaron una fuerte condena internacional y sentaron las bases de los primeros intentos de regular la guerra mediante derecho internacional.
Deudas y nuevos impuestos
Los conflictos agotaron la hacienda real. A pesar de los intentos de austeridad de Jean‑Baptiste Colbert, después de su muerte en 1683 Luis XIV aumentó los gastos, sobre todo en la construcción del Palacio de Versalles.
Para financiar la corona recurrió a préstamos costosos y a nuevos gravámenes: impuestos sobre el vino, derechos de timbre y otros tributos que afectaron principalmente a la población, mientras la nobleza y el clero quedaban exentos.
Represión contra sus propios súbditos
El peso fiscal provocó revueltas, como la de Burdeos en 1675, desencadenada por el aumento del impuesto al tabaco y al estaño. La rebelión duró cuatro meses y fue sofocada con varios miles de soldados, dejando la ciudad prácticamente destruida.
Intolerancia religiosa
En 1685 revocó el Edicto de Nantes, que garantizaba la libertad de culto a los hugonotes. Como consecuencia, alrededor de 200.000 protestantes huyeron y muchos de los que permanecieron fueron perseguidos, enviados a galeras o sometidos a la violencia de los dragones, unidades militares encargadas de castigar a los disidentes.
La represión también alcanzó a los jenesistas, un pequeño grupo católico reformista. En 1709 el rey ordenó la disolución de la comunidad del monasterio de Port‑Royal‑des‑Champs y la demolición de sus edificios.
Legado de sangre bajo el sol
Los contemporáneos describían a Luis XIV como un soberano que veía al pueblo como recursos para sus ambiciones. Historias como la de la Condesa de Berry, que perdió a su hija durante un viaje forzado por el rey, ilustran la frialdad con la que se trataba a la vida humana cuando se interponía entre los intereses reales.
Hoy podemos reconocer que el "Rey Sol" brilló a costa de una enorme sombra de violencia, miseria y represión.
Inspiración
Este artículo se inspira en la novela de Albert Sánchez Piñol, Victus: La caída de Barcelona 1714 (Oficyna Noir Sur Blanc, 2018).