Un uso insólito de los animales en la guerra
A lo largo de la historia, los ejércitos han empleado todo tipo de animales en sus campañas: caballos, mulas, elefantes, perros, cerdos incendiados, aves encendidas, ganado provocado, abejas y serpientes lanzadas en frascos contra barcos o fortificaciones. Entre todos, el gato destaca como uno de los más inesperados.
Pelusium y el contexto egipcio
Pelusium (también llamado Pelosio) era una ciudad del Bajo Egipto situada en el delta del Nilo. En el siglo VI a.C. el esplendor del antiguo imperio había menguado y la amenaza persa se cernía sobre la región. Según Heródoto, aunque la evidencia arqueológica no lo confirma, la ciudad fue el escenario de una curiosa derrota egipcia.
El reinado de Psamético III
En 526 a.C. subió al trono Psamético III, hijo de Ahmose II, último faraón de la dinastía 26. Su gobierno siguió el de su predecesor, próspero pero limitado, mientras el Imperio Persa se expandía al este.
Heródoto relata que la causa desencadenante fue una disputa diplomática: un médico egipcio enviado a la corte de Cambises II, resentido, incitó al persa a pedir la mano de la hija del faraón, lo que provocó una ofensa que alimentó la hostilidad entre ambos monarcas.
Además, un mercenario griego llamado Fanes de Halicarnaso habría advertido a Cambises sobre la debilidad egipcia, proporcionando información estratégica para la invasión.
La campaña persa y la batalla de Pelusium
En 525 a.C. el ejército persa cruzó el Sinaí con ayuda de tribus locales. Psamético buscó apoyo en las ciudades griegas, pero estas enviaron sus flotas al lado de Cambises, sellando el destino de Egipto.
El enfrentamiento en Pelusium fue sangriento, aunque los números exactos de combatientes son desconocidos. Según Ctesias, ambos bandos contaban con aliados y mercenarios: jonios y carios por parte egipcia, y griegos y beduinos apoyando a los persas.
Los gatos como arma psicológica
Los persas sorprendieron a los egipcios al colocar en sus escudos la imagen de Bastet, diosa felina, o, según otra versión, ataron gatos vivos a sus lanzas. Los soldados egipcios, temerosos de dañar a los animales sagrados, mostraron gran reticencia a atacar, lo que contribuyó al colapso de sus defensas.
Heródoto describe un “mar de cráneos” tras la batalla, mientras Ctesias indica que los persas causaron 50 000 bajas egipcias frente a apenas 7 000 propias.
El efecto de los gatos en el asedio
Polyenus, un general macedonio del siglo II d.C., relata que los persas lanzaron gatos sobre los baluartes de la ciudad, creando una “cobertura” que paralizó la defensa egipcia y obligó a los habitantes a abandonar la fortaleza, continuando su retirada hacia Menfis.
Consecuencias y epílogo
Tras la caída de Pelusium, Cambises tomó Menfis. Los persas ejecutaron una represalia brutal: diez egipcios muertos por cada persa, llegando a cerca de dos mil miembros de la élite menfita. Psamético III fue capturado; su familia sufrió humillaciones, aunque según fuentes persas fue tratado con cierta consideración hasta que participó en una rebelión y se suicidó.
Heródoto también menciona la desastrosa expedición persa al oasis de Siwa, donde una tormenta de arena perdió al ejército. Un hallazgo arqueológico italiano en 2009 halló restos que podrían corresponder a esa expedición.