Contexto histórico
Al final del siglo XIV, una fastuosa fiesta de máscaras organizada en el Hôtel Saint‑Pol de París acabó en tragedia cuando los trajes de los bailarines prendieron fuego, provocando la muerte de cuatro nobles y poniendo en grave riesgo la vida del rey Carlos VI de Francia.
El rey Carlos VI
Conocido como el "Bienamado", Carlos VI nació en 1368 y accedió al trono a los doce años tras la muerte de su padre. Durante su minoría su tío, el duque de Borgoña Felipe II, ejerció la regencia. A los 24 años comenzó a sufrir episodios psicóticos que lo llevaron a atacar a sus propios caballeros y a comportarse de forma errática, lo que más tarde los médicos han asociado con trastornos como la esquizofrenia o la porfiria.
Su comportamiento impredecible le valió el apodo de "el Loco" y, para intentar calmarlo, la corte organizaba frecuentes fiestas en las que los asistentes lucían extravagantes trajes y tocados, como el hennin de formacónica.
Los conflictos en la corte
La reina Isabel de Baviera fue señalada como responsable de los males del rey, mientras que el hermano del monarca, Luis de Orleans, aspiraba al trono y era sospechado de conspirar contra Carlos. Las tensiones políticas y sociales, alimentadas por revueltas como la de la Maillotin (1382), crearon un clima de descontento que estallaría en la tragedia del baile.
El Bal des Ardents
El 28 de enero de 1393 se celebró, bajo la excusa de la boda de la dama de honor Catalina de Fastaverin, un charivari – una procesión ruidosa con músicos y bailarines. Seis caballeros de alto rango se disfrazaron de "hombres salvajes", cubriéndose de ramas y lino impregnado de resina. La normativa prohibía cualquier llama cerca de los trajes, pero el duque de Borgoña, Luis, llegó tarde y ebrio portando una antorcha.
Al acercarse la llama, el fuego se propagó rápidamente, incendiando a los bailarines que, atados entre sí, se convirtieron en antorchas humanas. Cuatro de ellos – el conde de Joigny, Yvain de Foix, Aimery Poitiers y Huguet de Guisay – murieron quemados; otro se salvó sumergiéndose en un barril de vino.
El rey Carlos, que estaba conversando con su tía Juana de Boulogne, duquesa de Berry, logró escapar. La duquesa, apenas una adolescente, apagó el fuego que se acercaba al rostro del rey con el voluminoso manto de su vestido.
Repercusiones
La catástrofe fue interpretada como un castigo divino por la frivolidad de la corte. La población, todavía resentida por la revuelta de la Maillotin, exigió penitencia. Luis organizó una procesión de penitencia que recorrió las calles de París hasta Notre‑Dame, financiando incluso una capilla en el monasterio de los Celestinos.
El suceso quedó registrado por cronistas como Jean Froissart y el Monje de Saint‑Denis, y apareció en varios manuscritos iluminados.
Consecuencias políticas
El reinado de Carlos VI continuó marcado por la inestabilidad. La guerra con Inglaterra se reanudó, y la rivalidad entre los borgoñones (liderados por Juan sin Miedo) y los armagnacs (liderados por Luis) desembocó en una guerra civil. Luis fue asesinado en 1407 bajo órdenes de Juan, lo que alteró nuevamente el equilibrio de poder y facilitó la invasión inglesa que culminó en la victoria de Enrique V en Azincourt (1415) y el Tratado de Troyes (1420).