Origen y contexto
El estribillo Ça ira, ça ira, ça ira se convirtió en el himno no oficial de la Revolución Francesa. Fue escuchado por primera vez en mayo de 1790 y, en pocos meses, se extendió por todo el país como símbolo de optimismo y rebeldía.
Autor y melodía
La canción fue escrita por Ladré, un exsoldado que se ganaba la vida como cantautor callejero. Adaptó una melodía popular de contredanza, el Carillon Nacional, compuesta por el violinista Bécourt para el teatro de Beaujolais. La pieza era tan conocida que la propia María Antonieta la tocaba en su clavicémbalo.
El origen de la frase
El título y el tema del estribillo se inspiraron en la inquebrantable confianza de Benjamin Franklin, quien, durante su estancia en París (1776‑1785), respondía a las preguntas sobre la guerra de independencia americana con la frase «ça ira», que en español se traduce como «¡todo irá bien!». Los franceses adoptaron esa expresión como lema de esperanza.
Uso durante la Revolución
Inicialmente una canción festiva, el texto fue transformado por los sans‑culottes, que lo convirtieron en una canción de ataque contra la aristocracia y el clero. El himno sobrevivió al período del Terror, fue ordenado por el Directorio que se cantara antes de cada representación teatral y, finalmente, fue prohibido bajo el Consulado.
Letra y variantes
El estribillo original, que sigue siendo el más recordado, dice:
Ça ira, ça ira, ça ira, les aristocrates à la lanterne!
Ça ira, ça ira, ça ira, nous les pendrons!
A lo largo de los años la canción sufrió numerosas versiones, algunas más violentas y otras más moderadas, según la fase política del momento. En los primeros años se cantaba con frases como «les aristocrates à la lanterne» (los aristócratas a la lámpara) para señalar la ejecución pública de los nobles. Con el tiempo se añadieron versos que exaltaban la igualdad, la victoria del pueblo y la derrota de los enemigos de la Revolución.
En la actualidad, «Ça ira» es recordada como una pieza musical que refleja el ánimo popular de una época turbulenta y como una muestra del poder de la música para movilizar a las masas.