El 14 de mayo de 1643, al morir Luis XIII, se repitió la famosa fórmula «¡El rey ha muerto, viva el rey!», mientras el monarca sucumbía a una enfermedad que hoy reconoceríamos como enfermedad de Crohn. Sus últimos días estuvieron marcados por la preocupación por la sucesión y el bautismo de su hered